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¿En qué momento dejamos la arepa y nos casamos con el pan?

El desayuno colombiano siempre ha sido un espejo de nuestra historia y de nuestras decisiones colectivas sobre qué significa alimentarnos. Durante siglos, la arepa fue la reina indiscutible de la mesa: hecha de maíz, fresca, nutritiva y compartida en familia. Pero en algún punto del siglo XX, la arepa fue desplazada por el pan de trigo industrializado, un producto que parecía más moderno y práctico, pero que terminó trayendo consigo consecuencias para nuestra salud, economía y cultura.


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La arepa: herencia ancestral que resiste


El maíz ha sido el corazón de la dieta de los pueblos originarios de América durante más de 5.000 años. Con él se hacían arepas, envueltos y bebidas que no solo nutrían, sino que también unían a la comunidad. Preparar arepas era un acto social y cultural: moler el maíz, cocinarlo y compartirlo.

En nutrición, la arepa de maíz entero (nixtamalizado o molido) aporta fibra dietaria, vitaminas del complejo B, magnesio, fósforo y antioxidantes como los carotenoides. Su digestión lenta produce menores picos de glucosa e insulina frente a productos ultraprocesados, y su preparación artesanal asegura ausencia de aditivos químicos.

Desde luego la arepa es muestra de nuestra diversidad cultural.

No existe un único tipo de arepa: hay tantas como regiones, acentos y maneras de compartir la mesa. Y esa es precisamente su riqueza: la arepa es versátil, nutritiva y profundamente cultural.

En el Altiplano Cundiboyacense, el desayuno típico se acompaña con una arepa boyacense, rellena de cuajada y a veces endulzada con un toque de panela: dorada, suave y con ese sabor hogareño que recuerda la cocina de las abuelas.

En Antioquia, la arepa paisa es la reina: delgada, sencilla, apenas con sal, perfecta para acompañar un café o como base de cualquier comida del día. Su versatilidad la hace inseparable de la vida diaria antioqueña.

En la Costa Caribe, la creatividad estalla: la arepa de huevo, frita y rellena con yema líquida, es un manjar que combina sabor y tradición. También está la arepa de anís, dulce y fragante, que acompaña las mañanas con un sabor único.

En el Valle del Cauca, el orgullo es la arepa valluna, grande y firme, hecha de maíz trillado, ideal para una tarde con queso o para acompañar una carne a la parrilla.

En los Llanos Orientales, las arepas de arroz conservan la tradición campesina: gruesas, rústicas y llenas de sabor, hechas para alimentar la fuerza del trabajo en el campo.

En Santander, la arepa es rústica, poderosa y llena de historia. Se prepara con maíz pela’o (cocido en ceniza o cal para retirar la cáscara) y se mezcla con chicharrón molido o manteca de cerdo. Esa combinación le da un sabor intenso, una textura firme y un aroma inconfundible que refleja la esencia de la cocina santandereana: robusta, campesina y tradiconal

La diversidad de arepas no es solo gastronómica: es un patrimonio cultural. Es la muestra de que, aunque Colombia es un país diverso y multicolor, el maíz nos une en un mismo sabor.


La arepa no es un simple alimento, es tradición, es nutrición y es orgullo colombiano.

El pan: modernidad, industria y ultraprocesados


El trigo llegó con los españoles en el siglo XVI, pero durante mucho tiempo fue un lujo urbano. Fue solo en la segunda mitad del siglo XX, con la urbanización e industrialización, cuando el pan se consolidó en el desayuno colombiano:

1940–1960: panaderías modernas y migración a ciudades → pan como símbolo de comodidad.

1970–1990: auge del pan industrial y pan de molde. Publicidad y supermercados lo convierten en acompañante casi obligatorio de la mañana.

El problema es que el pan dejó de ser pan. Hoy, la mayoría de productos industriales contienen harinas refinadas, azúcares, grasas hidrogenadas, aditivos y conservantes. Numerosos estudios han demostrado que el alto consumo de ultraprocesados se asocia con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular y mortalidad, no solo eso su consumo diario tiene gran potencial adictivo, pues su combinación de azúcar y grasa estimula circuitos dopaminérgicos que placer que luego hace que sea tan difícil renunciar a el,

Según Fenalco, el 91% de los colombianos desayuna pan, y 7 de cada 10 lo hacen a diario, naturalmente ese pan que sé que consume no es el elitista y costoso pan de masa madre (te cuento, no tiene evidencia científica real de ser tan saludable como te dicen) que muchos expertos en nutrición pretenden que comas todos los días.

Claramente vemos una ruptura cultural ocurrida en los últimos 70 años, una ruptura con nuestra tradición motivada solamente por intereses comerciales, intereses que muchos profesionales de la nutrición insisten en defender.


Ahora revisemos que dice la ciencia (digo la ciencia verdadera no la ciencia patrocinada)


Arepa vs. pan: lo que dice la ciencia

  • Índice glucémico (IG): pan blanco de trigo = alto IG (70–75). Arepa tradicional de maíz = IG moderado (50–60).

  • Índice Insulínico (II): pan blanco de trigo = alto IG (100 ). Arepa tradicional de maíz = IG moderado (40).

  • Composición: la arepa hecha en casa lleva un solo ingrediente: maíz. El pan industrial puede tener más de 20 aditivos.

  • Saciedad: la fibra del maíz aporta llenura sostenida. El pan refinado induce hambre temprana.

  • Salud metabólica: cada 10% más de ultraprocesados en la dieta aumenta en 15% el riesgo de mortalidad cardiovascular .

Esto significa que el pan no solo eleva la glucosa, sino que estimula la secreción de insulina en forma muy marcada, incluso más de lo esperado para su carga glucémica.

Estudios muestran que productos de trigo refinado pueden generar una respuesta insulínica desproporcionada, contribuyendo a hiperinsulinemia y resistencia a la insulina.

En resumen: la arepa es un alimento simple, saciante y culturalmente nuestro; el pan industrial es un ultraprocesado que favorece el hambre, la dependencia y la enfermedad.


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Un aspecto a tener en cuenta en nuestro medio es la economía, pues se suele pensar que el pan es lo más económico y que por eso su la recomendación de su consumo se debe orientar a las comunidades menos favorecidas, algo absolutamente mentiroso que condena a la enfermedad precisamente a las poblaciones mas vulnerables.


Economía: pan vs. arepa


En Colombia, el consumo de pan depende casi totalmente del trigo importado (más del 95% viene de EE. UU. y Canadá). En contraste, el maíz es cultivado localmente y forma parte de la economía campesina.

  • Pan industrial (2025):

    • Un pan blandito o francés cuesta en promedio $600–$800 COP la unidad.

    • Un paquete de pan de molde (20 tajadas) ronda los $6.000–$8.000 COP.

  • Arepa (harina precocida PAN):

    • 1 kg de harina precocida ≈ $6.000–$7.000 COP → rinde unas 25–30 arepas medianas.

    • Costo por unidad: $200–$250 COP (menos de la mitad de un pan).

  • Arepa (paquete de 10 unidades):

    • Un paquete de 10 unidades cuesta en promerio  $1.200–$1.500 COP → vienen 10 arepas.

    • Costo por unidad: $120–$150 COP (menos de la tercera parte de un pan).

 

Es decir, la arepa no solo es más nutritiva, sino también más barata y con impacto positivo en la economía local. Elegir arepa es apoyar al campesino colombiano, mientras que elegir pan industrial es depender de importaciones y multinacionales.


Recuperar lo nuestro


La pregunta que da título a este blog no es solo histórica, es existencial:

¿En qué momento dejamos lo nuestro para abrazar lo ajeno, aunque eso significara perder salud y tradición?

La buena noticia es que la arepa nunca murió. Gracias a la harina precocida y al rescate cultural, hoy podemos recuperarla con facilidad. Elegir una arepa en lugar de pan ultraprocesado es un acto de salud, identidad y soberanía alimentaria.

 

Ahora dime si no deberías ser Team #Arepa



Referencias

  1. Monteiro CA, Cannon G, Lawrence M, Costa Louzada ML, Pereira Machado P. Ultra-processed foods, diet quality, and health using the NOVA classification system. Rome: FAO; 2019.

  2. Lane MM, Davis JA, Beattie S, et al. Ultraprocessed food and chronic noncommunicable diseases: a systematic review and meta-analysis of 43 observational studies. BMJ. 2022;378:e068921. doi:10.1136/bmj-2021-068921

  3. Popkin BM, Reardon T. Obesity and the food system transformation in Latin America. Obes Rev. 2018;19(8):1028-1064. doi:10.1111/obr.12694

  4. Gómez LF, Parra DC, Lobelo F, et al. Food marketing and ultraprocessed products in Latin America: trends and implications. Public Health Nutr. 2013;16(6):927-937. doi:10.1017/S1368980012003849

  5. FAO. El maíz en la nutrición humana. Roma: FAO; 1993. Disponible en: https://www.fao.org/3/t0395s/t0395s00.htm

  6. Pérez CM, Atencio M, Soto D, et al. Índice glicémico y respuesta insulínica a la ingestión de alimentos típicos en individuos sanos. Revista de la Facultad de Ciencias de la Salud. Universidad del Zulia. 2013;21(1):9-16.

 

 
 
 

1 comentario


Excelente 👌 waooo mas clara en cuanto al trigo cuando es natural, directo de la tierra, asi las árepas hechas en casa son más saludables pero el pan de trigo comercial es super artificial.

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